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Historia

“La tradición de todas las generaciones pasadas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de los vivientes. En el momento preciso en que parecen ocupados en transformarse a sí mismos, en trastornar todas las cosas, llaman ansiosamente en su ayuda a los espíritus del pasado, recibiendo de sus antecesores, justamente en estos períodos de crisis revolucionaria, su nombre, su grito de guerra, su costumbre, para representar con este antiguo y venerable disfraz y con lenguaje que nos es de ellos, la escena nueva de la historia universal...”.

(Marx, C., “El XVIII Brumario de Luis Bonaparte”.)


Orígenes del socialismo

Genéricamente, se aplica el nombre de socialismo al conjunto de doctrinas de reforma social surgidas en el siglo XIX, mientras la primera Revolución Industrial (aproximadamente 1780-1840), que se desarrolló inicialmente en Inglaterra y luego en varios países de Europa Occidental, alumbraba el nacimiento del sistema capitalista y consecuentemente la larga y durísima lucha entre la burguesía el proletariado modernos. Tales doctrinas, dirigidas a mejorar las
condiciones de vida de los trabajadores, tienen en común la convicción de que una sociedad basada en la propiedad privada es injusta, y de que es necesario y posible fundar una más equitativa mediante una transformación revolucionaria (aun cuando los medios propuestos difieren entre una revolución violenta y una reforma gradual).

El uso del término en sentido moderno se fue definiendo a lo largo de la década de 1820, cuando fue utilizado por los seguidores de Robert Owen y posteriormente por otros reformadores como Saint Simon, Fourier, Blanc o Proudhon. En esa época tenía un significado opuesto a “individualismo”, y designaba una gran variedad de proyectos y movimientos que compartían la denuncia de las relaciones de propiedad existentes y de las condiciones de vida de los trabajadores en el proceso de producción industrial, la propuesta de modelos alternativos de sociedades fundadas sobre bases comunitarias, y la promoción de formas de asociación basadas en la cooperación. Confiaban en que podría alcanzarse una sociedad ideal en la que la producción industrial estuviera al servicio de todos los hombres, por medio de la creación de comunidades en las que todos trabajaran solidariamente y en las que se repartiera comunitariamente el fruto del esfuerzo. Sostenían que estos buenos ejemplos servirían para que otros los imitaran, y así, de manera gradual y sin conflictos, la sociedad sería cada vez más justa. Se conoce a estas primeras formulaciones socialistas con el término de “socialismo utópico”.

Carlos Marx y Federico Engels, en cambio, sostenían que la burguesía no renunciaría a sus ganancias si los trabajadores no se organizaban para destruir su poder político y económico. La teoría que ellos postularon se llamó, por oposición al utópico, “socialismo científico”. Partía del análisis económico de la sociedad capitalista. Marx, que escribió el célebre Manifiesto Comunista en 1848, defendía la organización de la clase obrera y su lucha política en un partido propio, independiente de los partidos burgueses, con el fin alcanzar el poder y lograr una transformación revolucionaria de la sociedad que sustituyese la propiedad privada por la propiedad colectiva de los medios de producción.

En 1875 se fundó en Alemania el primer partido socialdemócrata, que pronto inspiró a otros en Europa. Su programa recogía la teoría marxista, en particular su definición como partido de clase e internacionalista, y la previsión de una futura revolución que instauraría la dictadura del proletariado. Pero también incluía un programa mínimo con
propuestas de corte democrático y reivindicaciones de reforma social (sufragio universal, jornada de ocho horas). Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, los partidos socialdemócratas se definían ya como reformadores y no revolucionarios. Sostenían que mediante la participación en la lucha política parlamentaria podían aspirar a reformar progresivamente la sociedad capitalista. Los que postulaban en cambio la línea insurreccional, que triunfó en la Revolución Rusa en 1917, prefirieron llamarse “comunistas”.

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